Las teleseries han distorsionado nuestras expectativas. CSI nos ha convencido que un policía puede ser en simultáneo un experto forense, investigador criminal y miembro de SWAT -aunque Dexter pruebe lo contrario-, pero esperar semejantes habilidades en el campo de la salud es una necedad. Estoy consciente que tantos años de exposición a “ER” o “Grey’s anatomy” cambió mi percepción sobre el modo correcto de funcionamiento de las emergencias.
No espero que salga a mi encuentro George Clooney o Patrick Dempsey, de verdad que no. Sólo espero diligencia para algo más que tomar la temperatura y la presión, porque luego de ejecutadas ambas acciones, pasaron dos horas y cuarenta minutos para que apareciera una residente (de unos 23 años, quizás) a decirnos que llevarían a mi papá a Rayos X, y con base en la placa determinarían que pasaría en adelante.
Lo llevaron, regresó, esperamos 30 minutos más, vino una señora de Laboratorio, tomó su muestra de sangre, y una hora después reapareció la residente a decirnos que en efecto era un problema cardíaco y estaban llamando al Cardiólogo de turno para que se acercara. Eran ya las 4 de la tarde. El cardiólogo no llegó. Vino un Internista -igualito a Reinaldo Armas- y tras su evaluación con el estetoscopio afirmó que era un problema respiratorio y que él necesitaba un neumonólogo; que el medicamento que debía suprimir era el Alovent pues probablemente lo estaba acelerando. Mi memoria fotográfica suele ser buena. Miré el frasquito que estaba al lado del termómetro, con el que lo estaban nebulizando y se leía “Alovent”. Salí corriendo a decírselo a la residente; con dulzura me habló de la improbabilidad de que le causase alteración alguna, busqué ferozmente al Internista y él mismo vino a retirar la mascarilla del rostro de mi papá. Presumo fue una afrenta, o al menos así lo asumió.
Desde ese momento, cada alteración que sufrió mi papá fue atendida por mí y luego reportada, para recibir un “no se preocupe, lo estamos monitoreando”. Regresaba al cubículo en busca de la cámara, del monitor, del micrófono abierto que le permitía afirmar esa frase. La cobija y la almohada la llevó mi familia. La camilla era un desastre. Tras la caída de un vaso de agua, advertí la necesidad de cambiar su sábana y limpiar el cubículo y me dijeron que ya le avisarían a la camarera. Ella llegó -y les juro que obsesivamente anoté estos detalles- hora y media después, cuando yo ya había descubierto el cuarto con la etiqueta “Faena”, cambié su sábana y limpié el piso con los pañuelitos que llevaba en la cartera.
Pedí un cambio de cubículo porque el de mi papá era el último y ciertamente por allí no pasaba nadie. La Residente me dijo que lo trasladaría al 2 en cuanto se desocupase. Ya conocía la pizarra de resumen y para el momento de su afirmación no había nada escrito para ese. Regresé media hora más tarde, me dijo que no podía hacer nada aún porque tenían un nuevo ingreso, pero escuché risas, y efectivamente, en el 2 estaban reposando tres enfermeras mientras narraban sus historias recientes de desamores. Corrí la cortina y pregunté cuál de las tres era la paciente; me gané el desprecio sostenido de todos los trabajadores del área, con la certeza de que la única sanción posible era la desatención de mi papá, pero eso lo sufrió desde su llegada. Los Blackberrys son más poderosos que el juramento hipocrático. No son un equipo de atención primaria, son un grupo de amigos de guardia que esperan hacer el mínimo esfuerzo y no coincidir con familiares tan fastidiosos como yo.
El cardiólogo apareció a las 10:00 a.m. del día siguiente. Tras un eco cardiovascular determinó que el cuadro de mi papá era muy delicado y debía ser internado. Casi 24 horas después de su arribo a Emergencia. Los trámites administrativos de su ingreso demoraron 6 horas, donde estoicamente se enteró de dos ACV’s, un aborto, lesiones menores y un largo etcétera. Todo al tiempo que decidían los que estaban de guardia. Les hablo de un adulto mayor, de 74 años de edad, 65 kilos de peso y una afección que pudo sellar su vida.
Mi papá está evolucionando satisfactoriamente. Siempre admiraré su nobleza, su buena manera de estar en el mundo, tan distante a mi vehemencia, dulce como un abuelito de cuento clásico. Agradezco las atenciones que ha recibido desde su ingreso a la habitación, pero no quiero guardar en el olvido el desastre de esa mal llamada Emergencia, a menos que, la acepción correcta no esté asociada al imprevisto que se debe solucionar con mucha rapidez, sino a la aparición de alguien que te atienda.
Emergencia
Publicadas por Naky Soto Parra a la/s 8:55 AM Etiquetas: Atención, Clínica, Emergencia, Maltrato, Papá 28 marzo 2012La visibilidad de la violencia
Publicadas por Naky Soto Parra a la/s 8:33 PM Etiquetas: Asesinatos, Libero Iaizzo, Onechot, Venezuela, Violencia, Visibilidad 23 marzo 2012
Venezuela con V de violencia, es una etiqueta que tristemente he ido alimentando tras cada desgracia que ha tocado a mi gente. El viernes pasado, mi amigo Alejandro fue secuestrado saliendo de la casa de su novia, y tras entregar una suma sustanciosa como auto-rescate, lo liberaron con todo y carro. Escuchar su historia mientras repetía que salió “caballo blanco”, y sonreía con resignación ante el profesionalismo de sus secuestradores, me convenció una vez más de lo cotidiana que se nos ha hecho la violencia en todas sus dimensiones.
Porque un saludo entre amigos, incluye decenas de groserías como símbolo de virilidad y confianza, así como el toque de corneta amerita un coño’emadre para darle sentido al claxón. Porque es normal que ante el pésimo servicio del Metro de Caracas, empujarnos unos con otros sea parte del ritual que nos permite llegar al trabajo o a la casa. Porque con los teléfonos inteligentes, volvimos a los 90’s, en la necesidad de preservar un coroto carísimo y con él la vida, y por eso en la calle andamos incomunicados, pues hay que ser muy osado para contestar un Iphone sin miedo.
47 cadáveres ingresaron este fin de semana a la morgue de Bello Monte y aquí no pasa nada. No pasa de la crónica, de la estadística, de la resignación.
El ministro El Aissami tuvo el acierto de anunciar esta tarde la reestructuración profunda del CICPC, ¿a quién iba dirigido su mensaje?, ¿a quién le interesa el destino de un organismo que ha demostrado como el propio ministro, su incapacidad para la resolución de la mayoría de los crímenes que llegan a ser denunciados? Un fanático oficialista tuvo el tino de sugerir en un tuit, en el formato de una pregunta, si acaso se atacan celebridades en año electoral para causar conmoción. Lo leí por el retuit y las respuestas que varios le ofrecieron, pero es arar en el mar de una polarización que divide hasta nuestros muertos.
Porque antes fue Onechot, y después la hija del cónsul chileno, y ahora el manager de Caramelos de Cianuro, y son sólo tres entre las decenas de crímenes con las que nos hemos acostumbrado a vivir, como la evidencia más rotunda de que esta falacia será cualquier cosa menos un Estado, pues hace ya mucho tiempo perdió cualquier control legítimo sobre la violencia. Les y nos rebasa.
¿Dónde están las declaraciones de la Comisión Desarme? ¿Dónde está el producto de ese supuesto esfuerzo presidencial? Sólo he visto un vídeo muy mal producido, con una breve selección de nuestro no menos breve star system, declarando que ellos se suman al desarme. No creo en una comisión nacida en el seno de un gobierno que se ha hecho experto en la apología de la violencia. Un gobierno que premió a los pistoleros de Puente Llaguno y permitió que uno de ellos exhibiera en su afiche de campaña política, la foto que comprobaba la impunidad de sus disparos, con un arma para la que no necesitó porte legal. No creo en la posibilidad del desarme promovido por un gobierno que celebra un golpe de Estado como si en rigor fuese una fecha patria, sólo porque quién nos preside comandó la acción. No creo en el desarme de un gobierno que invierte más en armas y municiones que en educación. Es imposible que un gobierno militarista y punitivo, sea capaz de convencer a quien ejerce la violencia, de las ventajas de entregar el pasaporte de su oficio. Es imposible, cuando una bala producida por Cavim cuesta solo tres bolívares.
El Aissami debió haber renunciado hace meses a un cargo que lo supera, que ha deshonrado sistemáticamente, con una vocería carente de logros, justificativa, con el gerundio palpitando, como prueba continua al irrespeto y la poca valoración que sienten por el pueblo que dicen representar. Porque los que no son celebridades, son pueblo, y sobre ellos no hay hashtags, ni trendings topics, ni declaraciones. Ni siquiera tienen un segmento en los noticieros de los canales del Estado, porque hace años se eliminaron las secciones de sucesos, para definir la producción entre dos grandes bloques: los logros que obtendrá el gobierno, y las vilezas de la oposición. En esos canales no hay signos de nuestra violencia y eso termina acentuándola, por inexistente, muda, invisible. Porque no hay dónde denunciarla, porque si lo haces eres un traidor.
Lamentablemente, el cruel asesinato de Libero Iaizzo, es un resaltador fosforescente, una luz que durará menos que una velita de cumpleaños, porque Justin Bieber se cortará el pelo, o el Papa comerá tamales, o el PopStar se bañará con agua del río Guarapiche, que a su vez se beberá el ministro Hitcher, para que Diosdado pueda escupir al Gato Briceño, mientras insisten en el potencial asesinato del candidato Capriles, para que este ensayo de vida siga girando alrededor de un solo hombre, absoluto y televisivo, mientras aguardamos la próxima muerte que nos impacte.
Tenemos derecho a la paz. Tenemos que ser capaces de exigirla.
Mientras estemos vivos.
Porque un saludo entre amigos, incluye decenas de groserías como símbolo de virilidad y confianza, así como el toque de corneta amerita un coño’emadre para darle sentido al claxón. Porque es normal que ante el pésimo servicio del Metro de Caracas, empujarnos unos con otros sea parte del ritual que nos permite llegar al trabajo o a la casa. Porque con los teléfonos inteligentes, volvimos a los 90’s, en la necesidad de preservar un coroto carísimo y con él la vida, y por eso en la calle andamos incomunicados, pues hay que ser muy osado para contestar un Iphone sin miedo.
47 cadáveres ingresaron este fin de semana a la morgue de Bello Monte y aquí no pasa nada. No pasa de la crónica, de la estadística, de la resignación.
El ministro El Aissami tuvo el acierto de anunciar esta tarde la reestructuración profunda del CICPC, ¿a quién iba dirigido su mensaje?, ¿a quién le interesa el destino de un organismo que ha demostrado como el propio ministro, su incapacidad para la resolución de la mayoría de los crímenes que llegan a ser denunciados? Un fanático oficialista tuvo el tino de sugerir en un tuit, en el formato de una pregunta, si acaso se atacan celebridades en año electoral para causar conmoción. Lo leí por el retuit y las respuestas que varios le ofrecieron, pero es arar en el mar de una polarización que divide hasta nuestros muertos.
Porque antes fue Onechot, y después la hija del cónsul chileno, y ahora el manager de Caramelos de Cianuro, y son sólo tres entre las decenas de crímenes con las que nos hemos acostumbrado a vivir, como la evidencia más rotunda de que esta falacia será cualquier cosa menos un Estado, pues hace ya mucho tiempo perdió cualquier control legítimo sobre la violencia. Les y nos rebasa.
¿Dónde están las declaraciones de la Comisión Desarme? ¿Dónde está el producto de ese supuesto esfuerzo presidencial? Sólo he visto un vídeo muy mal producido, con una breve selección de nuestro no menos breve star system, declarando que ellos se suman al desarme. No creo en una comisión nacida en el seno de un gobierno que se ha hecho experto en la apología de la violencia. Un gobierno que premió a los pistoleros de Puente Llaguno y permitió que uno de ellos exhibiera en su afiche de campaña política, la foto que comprobaba la impunidad de sus disparos, con un arma para la que no necesitó porte legal. No creo en la posibilidad del desarme promovido por un gobierno que celebra un golpe de Estado como si en rigor fuese una fecha patria, sólo porque quién nos preside comandó la acción. No creo en el desarme de un gobierno que invierte más en armas y municiones que en educación. Es imposible que un gobierno militarista y punitivo, sea capaz de convencer a quien ejerce la violencia, de las ventajas de entregar el pasaporte de su oficio. Es imposible, cuando una bala producida por Cavim cuesta solo tres bolívares.
El Aissami debió haber renunciado hace meses a un cargo que lo supera, que ha deshonrado sistemáticamente, con una vocería carente de logros, justificativa, con el gerundio palpitando, como prueba continua al irrespeto y la poca valoración que sienten por el pueblo que dicen representar. Porque los que no son celebridades, son pueblo, y sobre ellos no hay hashtags, ni trendings topics, ni declaraciones. Ni siquiera tienen un segmento en los noticieros de los canales del Estado, porque hace años se eliminaron las secciones de sucesos, para definir la producción entre dos grandes bloques: los logros que obtendrá el gobierno, y las vilezas de la oposición. En esos canales no hay signos de nuestra violencia y eso termina acentuándola, por inexistente, muda, invisible. Porque no hay dónde denunciarla, porque si lo haces eres un traidor.
Lamentablemente, el cruel asesinato de Libero Iaizzo, es un resaltador fosforescente, una luz que durará menos que una velita de cumpleaños, porque Justin Bieber se cortará el pelo, o el Papa comerá tamales, o el PopStar se bañará con agua del río Guarapiche, que a su vez se beberá el ministro Hitcher, para que Diosdado pueda escupir al Gato Briceño, mientras insisten en el potencial asesinato del candidato Capriles, para que este ensayo de vida siga girando alrededor de un solo hombre, absoluto y televisivo, mientras aguardamos la próxima muerte que nos impacte.
Tenemos derecho a la paz. Tenemos que ser capaces de exigirla.
Mientras estemos vivos.
Mis únicos veintes
Publicadas por Naky Soto Parra a la/s 9:33 PM Etiquetas: 20, Bibliomula, Cuentos, Escuela, Historias, Lectora, Leer, Libros, Veinte 20 marzo 2012
Aprendí a leer por problemas de conducta y leer no los corrigió. Los perfeccionó.
Nací cuando el sexo del bebé aún se determinaba por la forma de la barriga y la belleza o fealdad que experimentaba la madre. Afortunadamente mi mamá ya tenía pecas, así que las manchas no podían ser endilgadas a mi estancia en su vientre. Una estancia muy cómoda, como si practicase yoga, así que llegué al mundo con una mata de pelos, tres kilos y medio de peso, 54 centímetros y rotación de tibia, o como se decía para el momento, con patas de loro.
Recuerdo perfectamente los bancos de espera para la consulta con mi traumatólogo, el nombre más adecuado para lo que debía ver hasta ser atendida. Sólo quise al Dr. Damas, el día que ordenó el retiro de mi twister y me permitió emprender otros pasos con las botas ortopédicas a secas.
El patio del recreo, para una niña con esas mangueras horrorosas que nacen del zapato, se ajustan en las rodillas y luego en un cinturón como de vaqueros pero sin pistolas, resultaba un tormento a varias escalas: menos velocidad, más fealdad, ruido de plástico y metal prediciendo tu inútil intento de conseguir escondites, o la torpeza habitual de desplazamiento que nunca superé.
Sin embargo, no residen allí mis malas memorias, ¡qué va!, yo llegué a apreciar todas las curitas que me pusieron después de un baño de mertiolate rojísimo, que me enseñó el valor de las groserías como terapia para el dolor. Mis reminiscencias amargas se circunscriben a la demanda de mi presencia en la pizarra para resolver alguna operación matemática, con toda la frustración que entreveraba encontrarme frente a esos números que sabía vocalizar y me costaba tanto resolver.
Pero también viví momentos de gloria. Ocurrían con la demanda de lectura en voz alta. Me paraba del pupitre sin problemas, retiraba con sacudidas leves cualquier resto de borra de mi jumper, acomodaba mis colitas -siempre maltrechas-, me subía las medias por debajo de las mangueras de mi corrector ortopédico y levantaba la barbilla como último toque a mi posición erguida. Sólo yo, además de la señorita Aura, podía alternar la mirada entre el texto y los rostros de mis compañeras, demostrándoles para qué había ido a la escuela.
Pero, no sólo leía en voz alta, hablaba también.
La conmiseración propia del mes de octubre, que discurría entre los cuentos de las vacaciones y los ejercicios de repaso de todas las materias, como resumen y prueba irrebatible de las nociones necesarias para el nuevo grado, era ferozmente sustituida en un noviembre sin dibujos libres ni visitas al baño fuera del horario de los recreos. Y ahí empezaban mis problemas. La denuncia formal de mis maestras adornó mis boletas mes a mes, sin piedad, con mi variopinto resumen académico, en una banda del 20 al 12 -jamás me aplazaron, eso sí- pero se leía en esos trazos maravillosos cortesía del método Palmer y años de actividad académica: la niña debe hablar menos en clase.
Mi rutina doméstica de lunes a viernes incluía dos horas - se lee dos- frente al televisor, ni un minuto más. De resto debía, bañarme, hacer la tarea, ordenar mi cuarto, ayudar a mi nana, no fastidiar a mis hermanos, jugar con el saco margariteño cundido de peroles que reposaba en el balcón, recogerlos al terminar, y leer. Y esta actividad fue el asidero que eligieron mis padres para intentar edificar mi conducta.
Negociamos como una buena mesa tripartita: maestra, padres y alumna. La meta: dejar de hablar en clases y mejorar en matemática. El incentivo: la selección del libro que más me gustase en la juguetería de confianza. El plan: leer en las tardes, como método de ensayo, el cuento con el que dormiría a mis padres esa noche.
- Lee mucho y bien, mira que esta noche te toca dormirnos en la cama.Y después me dicen morisquetera. ¡Por supuesto que lo soy! ¡Pasé muchas tardes ensayando voces, gestos, ritmos y posturas que me ayudasen a hacer distingo de mis personajes! Era más eficiente haciendo la tarea porque necesitaba más tiempo para mi encargo oficial. Ensayaba con mi nana, y por el módico trueque de un cambur o un mango, le entregaba la versión primera de mi cuento de esa noche. Sabía que ella no era una buena prueba piloto, porque llegué a dormirla recitándole el himno nacional.
Les confieso que nunca me resultaron convincentes los ronquidos de mi papá, pues su caja toráxica daba para resuellos de tigre siberiano, y sin embargo me regalaba unos igualitos a los de Pedro Picapiedra. A pesar de mis dudas, regularmente salía de su cuarto henchida de orgullo por la misión cumplida. Tardé un tiempo en darme cuenta que la fórmula era al revés, padres que leían a sus hijos, pero ya todo estaba dicho, literalmente.
Reuní una biblioteca realmente envidiable, donde prescindí de esos cuentos horrorosos plagados de letras brillantes y personajes rubios de cachetes rosados, eligiendo sistemáticamente los ejemplares de una colección de grandes clásicos de la literatura en versiones infantiles. Amaba la disparidad en los colores de sus lomos y los dibujos sencillos que coloree sin pedir permiso. Los conservo porque no hay referentes más bonitos para escribir mis propios cuentos, que lo que sentí leyendo los cuentos de otros, en ese dulce y noble lenguaje de imagen y palabra, como correlatos cuya armonía decidía sólo yo, imaginando un Sancho Panza pelirrojo, a Phileas Fogg gordito, a Fitzwilliam Darcy como mi novio y a mi tío Othar como el verdadero Gulliver.
Leer, es convertirnos en directores de la historia, recreando las escenas, gestando los rasgos de los personajes, recordando lo que ha pasado cada vez que retomas el libro. Leer en voz alta, nos hace intérpretes, educándonos ingenuamente en el arte de saber decir las palabras de otros, dotándoles de emocionalidad. Leer a otros, amplifica el valor de una obra, regalándonos la complicidad de unas letras hechas voz, de un placer extendido, de una memoria a la que puedes regresar todas las veces que quieras.
Dormí a mis padres. No dejé de hablar en clases. Aprendí a sumar, restar, multiplicar y dividir. Y los únicos veintes de mis boletas, reposan con holgura entre mi memoria y mi biblioteca.
Publicado originalmente en la Revista Bibliomula :)
Ratón y Vampiro
Publicadas por Naky Soto Parra a la/s 10:10 AM Etiquetas: Jefferson Quintana, Palo de agua, Ratón y Vampiro, Teatro, Venezuela, Vyana Petri, Yolanda Pantin 04 marzo 2012
Y quién carrizo no ha soñado con ser parte de un cuento, con ver a sus personajes favoritos así, bajo unas luces bonitas, mirándote mientras conversan. Quién no ha querido meterse en esas páginas iluminadas y ser un personaje al que le pasan cosas asombrosas con finales coloridos. De eso se trata ser chiquitos, ese tránsito donde la magia es inagotable y ríes, vuelas, cantas: nel blu dipinto di blu.
El albergue de un castillo
Ratón que se mueve, que ordena y arregla, que pasea su espacio y discute con su puerta. Una puerta con personalidad. Ratón que medita, busca opciones, intenta resolver y vuelta a empezar. Ratón acostumbrado a la visita temeraria de otro inquilino de sus predios. Pero ahora le toca recibir a un compañero inesperado. Es Vampiro. Tan azul como él, redondo, llorón, pequeño en sus emociones, grandísimo en su desplazamiento. Cegato y solo, con un chichón enorme, y el temor de volver a esa noche sin casa ni amigos. Ratón que le cede su cama y ahí comienza su hermosa travesía común.
Ratón y Vampiro son un regalo continuo de imágenes memorables, a dos escalas: las que estás viendo, y las que inevitablemente emergerán de tus recuerdos en la figura de tu hermana, o el vecino con el que jugabas algunas tardes, quizás la primera amiga que te invitó a dormir en su casa. Es el noble ejercicio del reacomodo, de la negociación temprana porque tú tenías una forma de hacer las cosas y él o ella otra; porque cualquier circunstancia que te trasciende, es oportuna para aprender de quien te acompaña, decidiendo cuál será la taima, dónde terminará la carrera, o si apagas la luz para dormir.
El miedo es un invento
Para muchas familias venezolanas, soñar que se te caen los dientes es un pésimo presagio. Mi abuela Julia Dolores siempre lo resolvía con una sencilla fórmula: “esa es una deuda con el Ratón Pérez, dile a tu mamá que te de un fuerte y ya está“. Daba igual si eras una niña o un adulto, la cosa era prescindir de la leyenda y creer en el inmenso poder de tu propia interpretación, y así aprendí que al miedo se le gana con amor, no con valor.
Ratón y Vampiro lo confirman cuando salen a buscar a su amigo, el fantasma, por todo ese inmenso castillo. Ya habían descubierto una pasión común, porque ese enmantelado ser no era malo como creían, ni oscuro como sus ojotes, sólo buscaba buenos cuentos para su perpetua estancia en este mundo. Vencer nuestros prejuicios es un camino fabuloso para encontrar historias dignas de cuentos, y ahí reside la contribución más generosa que encontrarán entre luces, colores y canciones, de la mano de estos personajes tan graciosos.
En lenguaje de pequeños
Mis compañeros de sala interactuaron toda la obra, algunos mugieron, cacarearon o ladraron; otros trataron de advertir la presencia del fantasma, orientando a Ratón y Vampiro por el escenario; la mayoría aplaudió con admiración las proezas de una hermosa araña y los hechizos del servicio de brujas más expedito que he conocido. Nos reímos juntos y nos asustamos también, nos perdimos algunas cosas en la fascinación de los colores y los movimientos de algunas escenas.
Yo quiero ese libro. Esa fue la frase de mi compañero de silla, Elías de cuatro años, cuando aplaudíamos el final de la obra. Le respondí que yo también. Me preguntó con preocupación si nada más lo había en ese tamaño enorme, porque ese debía pesar mucho y ni de broma iba a caber en su morral. Le confesé que yo tampoco tenía una cartera de ese tamaño, que seguro el libro era más pequeño. Suspiró al decir: ¡Uff, menos mal, porque me lo tengo que llevar para la casa de mis primos en San Antonio!
Salí con ganas de abrazar a Vyana Preti, la directora, pero me limité a decirle unas siete veces seguidas que la obra es hermosa. Con igual mesura se lo dije Jefferson Quintana, el ilustrador del cuento y diseñador de todas las bellezas que vimos en escena. Sólo me desaté con mi amigo Carlos Sánchez Torrealba, uno de los responsables de la música que acompaña la aventura de los personajes, cuyas canciones conozco completicas; exceptuando “Vampiro”, sempiterno hit de Los corraleros de Majagual, que persiste en las viejas rocolas de los bares de la península de Araya.
El pequeño Elías pudo tomarse la foto con los personajes antes que yo, y su cámara sí tenía flash. La mía no. Por eso decidí dibujarlos para acompañar esta nota.
Ratón y Vampiro es un ejercicio del derecho a la ternura, del amor más bonito. Si tienes niños, regálales esa risa colectiva. Si no los tienes, con más razón debes ir, porque ¿quién carrizo no ha soñado con ser parte de un cuento?
Publicado originalmente en Prodavinci.
P.S: No encontré la manera de enderezar mi dibujo :(
Ayuda para Orlanis Barreto
Publicadas por Naky Soto Parra a la/s 8:35 AM Etiquetas: ACV, Ayuda, Colaboración, Orlanis Barreto, Tromboembolismo 01 marzo 2012
La conocí como participante de un hermoso proyecto de formación en 2.0 que titulamos "Gente de a pie". Volvimos a coincidir tras su amable invitación para colaborar en la reedición de la revista del Colegio de Arquitectos de Venezuela. Poco después comenzó su periplo.
El pasado 8 de Octubre, nuestra querida Orlanis Barreto sufrió un Accidente Cerebro Vascular (ACV) que le produjo una lesión de seis centímetros de extensión en el cerebro mientras estaba embarazada de su pequeño Samuel. El ACV le hizo convulsionar múltiples veces y afectó sus funciones conscientes y habilidades motoras. Desde entonces, Orlanis ha pasado por varias instituciones de salud de Caracas públicas y privadas y aún los médicos no dan con la afección que le aqueja.
El pasado 8 de Octubre, nuestra querida Orlanis Barreto sufrió un Accidente Cerebro Vascular (ACV) que le produjo una lesión de seis centímetros de extensión en el cerebro mientras estaba embarazada de su pequeño Samuel. El ACV le hizo convulsionar múltiples veces y afectó sus funciones conscientes y habilidades motoras. Desde entonces, Orlanis ha pasado por varias instituciones de salud de Caracas públicas y privadas y aún los médicos no dan con la afección que le aqueja.
En Noviembre, aún recluída en el hospital, su salud empeoró a causa de un Tromboembolismo pulmonar por lo que los médicos decidieron interrumpir su embarazo a seis meses de gestación. En Diciembre, Orlanis fue dada de alta y empredió un largo y costoso proceso de recuperación, ayudada con varios medicamentos y la asistencia de distintos profesionales de la salud.
Ahora en Febrero, Orlanis fue recluída nuevamente por presentar otro ACV, que aún le mantiene hospitalizada en una institución privada donde un grupo multidisciplinario de especialistas trabaja para encontrar la razón de los ACV y convulsiones recurrentes que presenta. Actualmente, Orlanis cuenta con seguro médico cuya cobertura está por agotarse dada su complicada situación y los costosos tratamientos que recibe, y debido a la gran cantidad de personas que acuden a nuestros hospitales públicos no hay espacio para atenderle.
Por ello, esperanzados con la buena voluntad de nuestra gente, quienes estamos con Orlanis en ésta dura situación, hemos tomado la iniciativa de solicitar públicamente la colaboración de todos nuestros relacionados para mantenerla en la clínica privada mientras se da con la causa de su problemas de salud y pueda restablecerse proximanmente. Cualquier aporte es válido por pequeño que sea: donaciones económicas, contactos, redes médicas y oraciones.
Quienes deseen colaborar con Orlanis sus números de cuenta son:
Banco Mercantil. Cuenta de Ahorros 0105-0699-9806-9907-6374
Banco Industrial. Cuenta Corriente 0003-0081-1300-0111-9981
Banco del Tesoro. Cuenta Corriente 0163-0216-3821-6300-4648
Todas a nombre de Orlanis Barreto.
Para transferencias electrónicas:
Cédula de identidad: V-14.141.102
Correo electrónico: barretorlanis2@gmail.com
En Facebook se inició esta campaña, en la página: Todos por la Negra
Actualización al 5 de marzo:
A Orlanis le dieron de alta. Mañana comenzarán a realizarle diversos estudios en el Hospital Militar, la atención se presume será ambulatoria. La poliza se agotó el último día, así que el monto final de lo que deben pagar se sabrá mañana.
Al parecer, el problema de Orlanis es hematológico y los estudios que se le harán, estarán enfocados en descubrir la causa específica de su enfermedad.
A todos los que han colaborado, ¡muchas gracias!
En Facebook se inició esta campaña, en la página: Todos por la Negra
Actualización al 5 de marzo:
A Orlanis le dieron de alta. Mañana comenzarán a realizarle diversos estudios en el Hospital Militar, la atención se presume será ambulatoria. La poliza se agotó el último día, así que el monto final de lo que deben pagar se sabrá mañana.
Al parecer, el problema de Orlanis es hematológico y los estudios que se le harán, estarán enfocados en descubrir la causa específica de su enfermedad.
A todos los que han colaborado, ¡muchas gracias!
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