En el DRAE se define: Majunche (De macuache).
1. adj. coloq. Ven. De calidad inferior,
deslucido, mediocre.
La
utilización de lenguaje memorable, peyorativo o positivo, es de las herramientas
más eficientes en la colocación de mensajes políticos. Pero siempre privará la
emoción que acompaña ese lenguaje, sobre la palabra misma. Podemos tener los mejores
discursos, pero si no sabemos cómo decirlos, serán letras perdidas. Recordemos
la campaña presidencial de Manuel Rosales y su empecinado esfuerzo con términos
como gallardía, hidalguía y coraje.
Pareciera que, la
obsesiva repetición de la palabra se convirtió en una simple proyección que le
autodefine, por su impostado esfuerzo, por los verbos con los que acompañó su
mensaje amenazante. Pedir ser confrontado es admitir que has sido desalojado
del interés general. Imagino que es harto complejo acostumbrarse a ser el eje de
cualquier noticia que se produzca en el país, y encontrarte desplazado no por
un hombre, si no por un esfuerzo consolidado de unidad, respaldado en la
voluntad civil y democrática de tres millones de venezolanos.
Su silencio en los
días más importantes de la contienda electoral, se vio cubierto con el brío de
sus partidarios mejor beneficiados, y abarcaron un baremo que incluyó: la
deslegitimación del CNE, el señalamiento de la trampa como única ruta de
explicación a la cifra, la celeridad procesal del TSJ para una sentencia que
impidiera salvaguardar la identidad de los votantes, la muerte de un joven culpa
de la policía de Aragua; y campañas antisemitas y homofóbicas en medios del
Estado.
Pero llegó la
celebración de los 193 años del Congreso de Angostura y rompió su silencio. Como
ocurriera el pasado 4 de febrero, una versión desmejorada y errática del
arengador feroz, fue sustituida por un hombre con visos de niño malcriado buscando
la atención de quién sea. ¡Angostura daba para tanto! La Gran Colombia, la
unidad, el sueño bolivariano, la gesta, ¡tanta palabra noble!, y prefirió dedicarle
un 99% de su tiempo activo a la mención obsesiva del candidato ganador en las
Primarias. No habló con altivez, habló con rabia. Se dijo estadista y no “un tira
piedra de barrio”, y sin embargo el ejemplo sirvió como otra proyección que
define su carácter abyecto. Todo lo que dijo, ya lo ha dicho.
Tan notable era su
cansancio, que esa audiencia acostumbrada a aplaudir cada respiración que
separe sus frases, permaneció mucho tiempo en silencio, sin risas, sin
victorias, sin uh ni ah. La propia señora Eckhout equivocó un par de veces el
momento, levantándose de su silla para brindarle mayor primacía a las ideas de
su líder, pero nadie más lo hizo, porque él no lo hizo. No puede levantarse.
Invirtió sólo 30 segundos, en remedar la frase de Bolívar en la que invita a
los que quieran patria. La espada no sirvió. Él ha regalado réplicas a cuanto
villano gobierna en el orbe. Él, sepultó su valor simbólico.
Ayer no fue
diferente. Con un disfraz de parca parisina, repitió las mismas simplezas.
Pero, el interés que dominó su discurso no residió en los graduandos, ni en la
medicina, la salud o la vida. Dejé de
verle cuando el conteo del término majunche
alcanzó las 72 veces. Cuando dijo majunche
yo escuché Capriles, y donde hubo amenazas yo escuché reconocimiento: al
alcance de esta victoria, al tiempo de la campaña, a las ventajas competitivas
de un atleta de 39 años, que no ha perdido una sola elección, con un discurso
inclusivo, con buen humor, con el garbo que él ya perdió, con la soltería que
le hace recuperar promesas de amor en cualquier visita.
Y es que él sabe de
eso. Él vivió esas mieles y deberá enfrentarse con su nueva realidad: ya no es
joven, ni semental; ya no es promesa, ni futuro. Él es el pasado, con 12 años
de ineficiencia sistemática, capaz de imponer una cadena para entregar sólo 50 de
las 150.000 casas prometidas para el año pasado; obviando la tragedia del
pueblo de Maturín tras el derrame petrolero; dirigiendo sus cámaras,
insultando, insultando, insultando.
No voy a legitimar un insulto.
Si te parece que el ejercicio creativo de transformar ese insulto en unas
siglas, es una manera de soslayar su verdadera acepción, cometes un error. No
le hagas el favor. No adoptes su lenguaje memorable como método de
confrontación.
Tú y yo somos
ciudadanos, venezolanos, electores; somos oposición, somos la opción, y después
de mucho trabajo y esfuerzo, político y civil, hay un camino. Transítalo con
tus términos, habla de progreso, de reconciliación, de respeto y victoria. Habla
desde la responsabilidad de multiplicar nuestros votos con argumentos, de
tutelar una campaña que buscará debilitarnos desde muchos flancos, y por eso
necesitamos del poder generativo de las palabras: usándolas a nuestro favor,
posicionando nuestras ideas.
No me interesa si está
asustado, sólo sé que ya es pasado, y el único discurso de calidad inferior,
deslucido y mediocre, es el suyo.
Busca
tus palabras.






7 comentarios:
Como siempre el venezolano ridiculizando cada cosa seria que se le presenta, acertadas palabras "busca tus palabras"
Qué belleza de texto Naky. Me creció el amor! UN abrazote desde Lisboa
Impecable Naky. Gracias una vez más.
¡Son todos muy gentiles!
¡Muchas gracias!
:)
El autócrata se siente desplazado y opta por formar un berrinche. Peor para él.
Pero lo nuevo que saco de esta entrada es que no debemos adoptar sus términos para adjetivarnos como algunos pretenden con las fulanas siglas ¡USEMOS NUESTRAS PROPIAS PALABRAS! Por lo demás, sigamos como vamos, sin prisa pero sin pausa, eso si, sin pararle pelota a su perorata
Lo que me preocupa, es que así, (creo) que opinamos pocos...
Está bien que tome el humor con inteligencia y me burle de mi mismo, si soy un gordito o medio enano.. aspectos propios y que vivirán conmigo.... pero no voy autodenominarme Majunche, cuando es algo que no forma parte ni de mi proceder ni de la forma en cómo hago las cosas...
No entendí esa reacción de muchos, al aceptar el término argumentando que si ser majunche es estar en contra de lo que es realmente majunche entonces soy majunche... Fail!
Ahí está el asunto Alí y Horacio, son muchos los que creen que logrando transformar el término en burla, le restan valor a la agresión y terminan apropiándose en positivo.
Coincidimos, un insulto no deja de serlo porque yo me invente un significante. Empero, no es gratuito que nazca en el seno de una generación que usa los términos "marico y guevón" como reemplazos al "chamo o pana".
Asistimos entonces a una apreciación diferente del lenguaje, de uno muy limitado, en tránsito a una globalización bastante extraña, minada de anglicismos, donde resulta más valioso que hables mejor el inglés que el español, y por ello la acepción de los insultos es una necedad frente a la ausencia de un vocabulario mas extenso.
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