Con él muere todo

08 diciembre 2011


Fue el testigo de la confesión de Guaco. Siempre con el mismo compás: separa el ejemplar, lo extiende, espera que lo retiren de su mano y vuelta a empezar. Nadie se agacha a agarrarlo. Esperan a verlo en su mano para quitárselo, doblarlo, tener algo más. La gratuidad parece el único gancho con sus letras y su exceso de rojo.

Cuando Guaco se marchó, aún me quedaban 20 minutos de espera. Giré a mirarlo, a agarrar uno, total, es bueno saber qué dicen en tantas páginas pagadas con mis impuestos, con los tuyos. Es otra narración paralela bastante estólida: todo está bien, toda va a pasar. El gerundio es una maravilla para describir las acciones del PopStar. Conjugar en futuro es lo mejor para referir las obras que aún no son: el gobierno hará, creará, revisará, buscará, estudiará, solucionará, á, á, á. No hay muertos en la contraportada. No hay sucesos. Hay muchas imágenes del PopStar, pero ninguna es reciente. Hay una resistencia ridícula a su condición de viejo, gordo y calvo. Todo lo malo es de oposición. Todos los adjetivos calificativos son para desautorizarles, tienen apodos, pasados oscuros, intenciones perversas. Todos son malos porque no son socialistas. Algunas descripciones hubiesen servido a los productores del Batman de los 60’s: por simplistas y absurdas, garantizando en cada línea la maldad del precandidato opositor. El Guasón fue un guevón. Ramón Guillermo Aveledo fue el maestro de Magneto. El primero mueve votos –según ellos-, el segundo puro metal. Otro guevón, y uniformado para más señas.

Tus muecas te delatan. Tu bolso también. ¿Qué haces tú aquí con ese bolso y esa ropa y ese pelo así? Cierro el periódico, la cosa es conmigo, celebro que se haya decidido a hablar antes de avanzar una letra más del pasquín. Vengo a dar una clase, respondo. ¿De política? ¡No chico, de vocería, es para la gente de la parroquia del San José Obrero! La vocería es política,  por si no te habías enterado, espeta mientras flexiona las rodillas buscando otro paquete de unos 50 periodiquitos.

- Sí lo es, por eso me encanta.
- ¿Y ahora el cura se decidió a hacer campaña? La risita socarrona me pone de mal humor.
- Lees lo que repartes. No, el cura está preparando a su comunidad para que también oficien misas.
- ¡Ah bueno, entonces vamos bien, eso quiere decir que menos hombres están dispuestos a dejar de coger para dedicarse a un dios!, y vuelve a reír.
(¡Puente- mensaje, Naky, no lo olvides!) ¿Y este tipo no es tu dios? Así de pelón parece un buda chimbo, ¿no?
- No es mi dios pero es un ídolo, el ídolo de una revolución.
- Rima perfecto con el eslogan de Guillermo Dávila.

La gente como tú no lo entiende. Agarra aire, una inhalación que prevé el cuento de leyenda, su resumen, lo que viene, lo que espero. Invítame un guayoyo si quieres la explicación, ah, y un cigarrito también, es que detalla’os son muy caros.

Voy y le compro el pedido. Se lo entrego. Me pide que nos alejemos de los periódicos porque no está bien que la gente lo agarre oliendo a cigarro. Pero nadie lo agarra, ahí está el detalle. Conforme nos alejamos, la ruma se queda quieta, nadie se acerca, ni se agacha, pasan de largo buscando su torniquete.

¿Ves cómo funciona? Los únicos que lo agarran son los locos que duermen en la calle, no joda, si te descuidas se los llevan todos. A veces me ha provocado hacerlo, que se lleven esa vaina y ya está, hasta el otro día. Lo dice casi con dolor, como si le pesara. Pero si algo tengo en la vida es disciplina, por una miseria igual vengo y entrego todos los paquetes que me dejan, hay que aprovechar el comienzo del día, si están aquí antes de las seis a las 8 estoy listo, si no, pues no. La gente lee más en la mañanita, porque van solos, porque antes de hablarle a un extraño, como tú y yo, se escudan en esas hojas; algunos sólo ven las fotografías y otros leen los titulares, muy pocos lo revisan en serio, como lo estabas haciendo tú. Con arrechera también, ¿o no?

Asiento. No debieras preocuparte mucho, gordita, esto muere cuando él muera. Todo va a morir con él. No hay hombre nuevo, no hay un cambio, no hay un coño. Sólo él. Y con él se muere todo. Aspira tan hondo que creo que se fumó también el filtro. Tose, escupe, pisa el esputo como si barnizara la losa de cemento. No me ve. Ve los paquetes de periódicos en la misma altura que los dejó cuando caminamos su café, su cigarro, él y yo.

Si no se lo das en la mano, no lo agarran. Si él no está para agarrarles la mano no van a agarrar nada. Si fuésemos 4 o 5 repartiendo, esa mierda ya se habría acabado hace rato, pero voluntario, no paga'o. Voluntario para construir el sentido crítico. La gente se queda con las frases cortas, las más repetidas. Por eso los titulares, las pancartas, las franelas, todo ese realero gastado en nada porque igualito mañana viene otro y se van a poner la franelita con tal y se la regalen. El comandante tiene la muerte en los ojos, aunque hable, trote, grite, se arreche, haga cadenas, no es el mismo. A quien se le murió la madre sabe de eso. Y con esto termino, gordita, yo jamás votaré por otro que no sea él, ninguno, óyeme bien, ni Jaua, ni el hermano, ni Maduro, ninguno de esos arrastrados entiende este peo como él.

Lo que hace la sinergia. Estuve a punto de consolarlo, de decirle que a lo mejor se curaba o era mentira la enfermedad, que no se pusiera así. Me aguanté. Ni sonreí. Cuando vi a Zoraida asomarse al otro lado de la estación me dio un ataque de alegría, abrí los brazos, los sacudí, me acomodé el bolso, regresé la pieza a la cima de su montón más cercano y me agarró la mano: no te preocupes, eso no me ofende, bastante "Tribuna Popular" repartí en la vida, siempre me regresaron más de los que vendí, por eso extender la mano no me pesa.

Y separa el ejemplar.

1 comentarios:

Petrusco dijo...

Naky Blue:

La descripción que haces del diario Ciudad CCS es exactamente igual, pero con signo contrario, a la que le cabría a El Universal o a El Nacional. Es un fenómeno de contraposición de pasquines bastante notorio en medio de la batalla comunicacional diaria que nos rodea.

El señor repartidor es un sabio: el chavismo tiene una sola opción candidato/líder. Eso es muy malo. La oposición no tiene ninguna opción. Eso es peor.

"Esto muere cuando él muera". Nada más cierto. Nada sigue siendo, con muy pocas esperanzas de cambio, tan cierto.

Esperemos tener la suficiente claridad y firmeza de espíritu para en ese entonces poder reconstruir esto aunque estemos jaloneados de lado y lado por zombies políticos, mediáticos y empresariales.

La unidad entre los de a pie nacerá de los desinteresados. Esperemos que sean muchísimos más en ese entonces. Yo me anoto.

Un abrazo esperanzado

Petrusco