Un neumonólogo
Mi papá, a sus 73 años y luego de haber pagado miles de bolívares en pruebas diversas asiste a consulta con este especialista que en una revisión veloz, pues la consulta no duró más de 6 minutos, concluye que no puede generar diagnóstico con los exámenes que recetó y es perentoria la realización de una broncoscopia, que en el centro de salud donde atiende cuesta la pelusa de Bs. 20.000. Mi papá pagó cien bolívares por cada minuto que este señor habló. Se deprimió. Se amilanó y yo, me amotiné.
Decidí junto a mi hermana hallar a especialista que nos diera una segunda opinión. Y aquí arranca el periplo.
Los tiempos cambian
Esa venezolanidad del: “Yo conozco a uno buenísimo que atiende en el Centro Diagnóstico del Furúnculo Azul, por allá por los lados de Quinta Crespo y ese seguro te atiende, anota ahí…”; bueno, esa, ya no existe. O quizás la estrategia del ministerio de salud con cajetillas cuya portada son lápidas y dientes corroídos ha rendido fruto y en esta ciudad al menos, la gente no consulta neumonólogos.
Y, lamentablemente, las tres referencias confiables que conseguí en mis primeras consultas arrojaban como dato característico del galeno: “Eso sí, adviértele a tu papá que es antipatiquísimo”. Y pues tocaba prescindir del sujeto, pues para tirrias ya teníamos uno. Las páginas en Internet de la mayoría de las clínicas de esta ciudad ¡no sirven!, son unas falacias que presumo han sido creadas para que la institución pueda demostrar que tiene algún tipo de presencia digital, pero sus directorios no poseen datos, si los poseen están desactualizados y los que no, pues tienen rato sin pagar sus facturas telefónicas.
Advertencias
Mami, mi amor, mi reina, mi cielo, mi vida, mamita. Si alguna vez te sientes poco querido, llama a un consultorio médico, realiza las preguntas de rigor y permítete el baño de cariño de una perfecta desconocida que rellenará con sinónimos de amor, los mismos espacios que esta generación más reciente cubre con “marico y guevón”.
Solo una de las 19 llamadas que hice en total no incluyó algún tipo de advertencia por parte de la amorosa regente de la agenda del médico, estos son algunos ejemplos:
1. Mira mi amor, si tú no me dices quién te recomienda yo no te doy la cita porque aquí nadie viene por su cuenta, ¿entiendes?
2. La Dra. atiende en las mañanas a los primeros diez de la cola, y la cola comienza a las 5, ¿ok? Si eres la once no entras, por eso tiene que venir tempranito pero mosca porque aquí los malandros llegan antes que los pacientes, jejejeje, tú me entiendes, ¿verdá?
3. El Dr. siempre tiene emergencias y revisa sus hospitalizaciones, si viene tendrá que esperar sin reclamos ni insultos, ¿ok?, que yo ya estoy cansada que los pacientes se arrechen conmigo y no con él.
4. ¿Edad del paciente? ¿Forma de pago? Porque te advierto que aquí no aceptamos cheque de ningún banco y la mayoría de las veces el punto de venta no sirve, así que mejor te traes la platica, son quinientos.
5. El doctor viene solo cuando yo le confirmo que hay gente esperándolo aquí, sino no, porque él ya no está para esos viajes, mamita, tú entiendes ¿no?
Drama de amor en Pediatría
Luego de recorrer todo el sistema de atención telefónica automatizada de una clínica, fue en el departamento de Cobranzas, donde tuve la fortuna de ser atendida por una gentil mujer que me proveyó de los números de dos neumonólogos de su centro de salud. Llamé a la primera y el teléfono se consumió en repiques. Con la segunda se desarrolla la historia.
Al contestar mi llamada y hacer la solicitud, obtuve por respuesta un: “Ya te van a atender mi amor, no cuelgues”, el auricular fue colocado sobre el escritorio y tras esta acción escuché el grito: “Raiza, ven a atender tu peo”. Y comenzó el intercambio entre Elena y Yokdailis.
La segunda ha estado enamorada durante mucho tiempo del Dr. Pérez Gómez, soltero, al parecer jefe de emergencias pediátricas y lo suficientemente joven para que su soltería aún no resulte sospechosa. A pesar de las atenciones que le brinda al galán, Yokdailis no ha obtenido ninguna insinuación que se corresponda con sus deseos; por lo que el mes pasado decidió aceptar una invitación de Godofredo, “el negro bello”, enfermero de pediatría y lo suficientemente caballeroso para haber pagado todas las facturas de las salidas que han tenido hasta ahora.
Godofredo baila salsa como si fuese hijo de Bobby Capó, bebe cerveza sin eructar, para ir al cine no necesita que sea lunes y le envía sms con versos que Yokdailis no sabe distinguir como propios o ajenos, pero son lindos. Ante esta batería de virtudes, se entregaron el uno al otro y fue una jornada épica. El martes de la semana siguiente (ésta en curso) afirma Yokdailis, que al tropezarse con Pérez Gómez, la vio diferente, la saludó y le hizo un comentario que ella en su embeleso fue incapaz de retener. Por eso hablaba con Elena.
Una celestina perversa
Eso es que se enteró que te acostaste con Godofredo y él también quiere lo suyo, dice Elena. Pero si yo estoy enamorada de él, replica Yokdailis. No me jodas, ese tipo no se va a enamorar de ti pero tú sí le puedes echar una vaina. (Silencio).
Mira Yokdailis, Pérez es médico y no tiene tiempo, por eso los médicos se casan entre ellos. Pero quiere lo suyo. Dásela, pero espérate a tus días fértiles, te embarazas y le pares un muchachito. O responde por la criatura o la raya aquí adentro lo hace renunciar. Dásela cuando puedas quedar preñada. ¡Ay no, yo no puedo hacer eso! No seas gafa chica, claro que puedes. ¡Ay, Elena, si es médico seguro que se protege! No importa, si se forra, tú en algún momento vas y muerdes eso, que por un huequito que le hagas algo sale y con eso te preñas. ¡No, Elena, tú estás loca! Yo no estoy loca pero tú sí que eres gafa, bueno y ultimadamente quien quita y no funciona y te quedas con tu negro, que enfermero también resuelve y si sabe bailar, sabe tirar, ¿o no? (Silencio)
No escuché nada más. Demasiado en 10 minutos de espera por una Raiza que no llegó.
Pensé en la votación unánime contra los videojuegos violentos. El problema no reside en Marta Colomina, ni en Globovisión, ni en la veracidad del cadáver de Gaddafi o el poder de presiones políticas que gesten estrategias cada vez más rastreras de autocensura. Deberíamos someter a la consideración de los perspicaces representantes del poder legislativo una ley contra telenovelas chimbas que frene esta cultura que exacerba en la imposibilidad, el valor de un buen amor; al tiempo de ir diseñando un programa –intensivo- de formación para secretarias de consultorios médicos.
Conseguí un neumonólogo, gracias a mi amado Jogreg. El Dr. Rausseo evaluará a papá –Dios mediante- la próxima semana y ya veremos qué pasa.
Ojalá Yokdailis hubiese levantado el auricular una vez más, ¡se me ocurrieron tantas cosas para decirle! Ojalá a Elena la cambien de consultorio y migre con sus perversos influjos a otra parte. Ojalá Godofredo no haya tenido ningún familiar en esa sala de espera. Finalmente, ojalá que Pérez Gómez salga del closet de una buena vez.






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