Y hasta hoy. En 2005 con la celebración de los 500 años, y gracias a las hermosísimas ediciones que sirvieron de copas en semejante ocasión, me prometí (al menos no fue con alguna de las uvas de año nuevo) leerlo completo, aprovechar los artículos que iban apareciendo cada semana sobre el autor, los personajes, las travesías, y me inundaría de tanto y tan buen espíritu castellano y entonces, un reto que arrancó a mis 12 o 13 años por fin sería concluido.
No sólo no fue posible, sino que fui capaz de leer todo lo publicado, menos las propias páginas (ni las mohosas de la edición del 57 ni las nuevas editadas por El País). El Quijote es un arma eficiente contra cualquier tipo de insomnio que atraviese: tres páginas bastan para convocar mis bostezos más hondos, una flojera providencial, y, duele decirlo, un fastidio sincero ante tantas palabras que terminan con mi buena voluntad. En rigor deben faltarme unas cien páginas, pero ahí está, en la ruma de mis pendientes, de los que algún día terminaré, al menos en esta versión interactiva :D






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