Llevo 35 entrevistas a licenciados de comunicación social para un cargo de asistente de comunicaciones para un proyecto con la Unión Europea, y ninguno ha logrado cubrir un porcentaje decente de mis expectativas. Mucho ruido y pocas nueces. Amén del mandibuleo distintivo de nuestras élites económicas que no culturales, al escucharles pienso en Cicerón y su viaje a Atenas, y me pregunto a dónde van, a quién legamos el compromiso de re-formales, habida cuenta de las sensibles fallas de nuestra educación media. La universidad termina legitimando sus errores, redactar bien es tarea de otros, de la ortografía con suerte se ocupa Word, y la vida discurre entre teléfonos inteligentes tan subutilizados como sus propias sinapsis.
Las nuestras, sí son escuelas menores. En todo orden y para cualquier evaluación. En la casilla de datos, en el reglón "sexo" encontré respuestas asombrosas y cito: "No mucho"; "Algunas veces"; "Con protección". E insisto, todas y todos son egresados universitarios. Luego, no queriendo contribuir al desconsuelo de mis padres, que en su tercera edad creen en el lugar común de considerar a "los jóvenes", a la "nueva generación", como los salvadores de esta patria, me animo a profundizar mi propia contribución, pues, si son estas mis circunstancias, probablemente debo limitar mi reclutamiento y selección a un perfil distinto, con el ánimo de ser más escuela y menos institución, sin medidor alguno de sus potencialidades y cobrando toda distancia de aquellos héroes y sus tumbas, con perdón de Sábato.
Osama en el cielo, con sus 72 vírgenes; Obama en camino a una reelección prácticamente garantizada en una potencia con el suficiente control comunicacional para hacernos sentir parte de su victoria como propia, con el sello de la muerte como garante de paz; con el comentario hasta en el metro del vestido de Kate y los sombreros de las invitadas, y un Elías Jaua declarando: “No deja de sorprender cómo se ha naturalizado el crimen y el asesinato" refiriéndose a la muerte del Bin Laden y no a las docenas de venezolanos que cada fin de semana engrosan las estadísticas y desentonan la proporción de nuestra pirámide poblacional, tal que, probablemente en unos años aquí sí encuentres 72 mujeres, no necesarimente vírgenes, esperando un hombre con el cual hacer vida. Y todavía hay quien pretende endilgarle a Juan Pablo II, el patrocinio de operaciones encubiertas antiterroristas como el primer milagro de un beato. No es nuestro, pero es global. Que de élites, los comandos militares, de otros, pero nunca nuestros.
99 años en este túnel. Menos mal que saliste un sábato, Ernesto






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