El soberano moderno

09 mayo 2011

Habiendo paseado brevemente por Las Delicias de Sabana Grande buscando unos lirios que jamás encontré, regresaba a mi casa, al ritmo que este adminiculo en el pie me permite: lento, sudoroso, terrible para el generoso sol del que fuimos privados en Semana Santa. Terminando de cruzar la última calle, un motorizado se detiene a mi altura, y con un inventario rapidísimo compruebo que no había absolutamente nada de valor que pudiera arrebatarme. El tipo sólo suelta en tono de susurro y con expresión de perro con rabia: “¡Ven pa’ sóbate, mamáaaa!”.

Ser objeto de expresiones de deseo del varón venezolano, a pesar de tanto esfuerzo de modernidad, deja en evidencia un arraigado y generalizado complejo de Edipo. Toda mujer deberá -lo quiera o no- sustituir a su progenitora, y la evidencia empírica es arrolladora, siendo las palabras con mayor índice de repetición: mamá, mami, mamacita, mamita, mamirruqui, mamasonga y el resto de las combinatorias posibles para esta raíz. Todas con lascivia, con una lujuria capaz de prescindir del Viagra, y, la baja probabilidad de ser correspondido, resume a la palabra como único trofeo.

Y así como la santidad, el virtuosismo y el puesto en el Cielo estaba garantizado para las anteriores, ahora nos conseguimos con madres cada vez más jóvenes, con hijos protegidos por la Lopnna, y en esta cruza: los segundos cuestionan a las primeras, y estas ya no pueden estamparle un sopapo aleccionador, y se supone que la fórmula evoluciona. Lo mismo ocurre con la santa madre iglesia, que a estas alturas, ya debe ir por mamacita, por aquello de disfrutarle en la distancia, conservar sus rituales, una persignadita que no empobrece a nadie, pero de compromisos nada, que para eso está el Estado-gobierno-partido y FFAA.

Entenderse con estas entidades en simultáneo y reducidas a la figura de un PopStar, le pone el camino complicado a cualquier institución que pretenda competir con su alcance y poder. Ya no hay sillas para obispos, ni ayudas para una Fe y Alegría que bien puede ser sustituida por los logros de un sistema escolar que eyecta muchachitos pero rescata hombres en misiones. Y ahí, en esa misión, sea Robinson, Sucre o Vivienda, usted se hace soberano, comparece ante el líder que le hará el honor de acompañarle, si en su graduación hay la suficiente cantidad de gente para ser televisada.

El soberano moderno es una entelequia, que a la hora de ser proyectada otorga mayor veracidad "al proceso" cuanto más lumpen luce, orgullo y prejuicio al revés, es la dependencia total pero elegida, y en ese ánimo, no hay falacia para la autarquía militarizada del que después de 12 años, lo es todo: eres tú y yo y él; pueblo, gobierno y ley, emancipados de las viejas fórmulas y dominados por la magnificencia de su criterio oceánico e irreverente.

El soberano moderno es él, imperial y escatológico, el que convoca lo más "vivo" de nuestras fuerzas vivas, y el que garantiza axiomáticamente con su presencia, el reino aquí y ahora, con justicia, dignidad e igualdad, aunque para ello deba aplastar, lacerar y cercenar cualquier ánimo de disidencia. Como lo hacían las madres antiguas ante nuestras curiosidades, como lo hace cualquier macho en la calle para redimir su entidad entre las piernas, siempre con la bendición de su madre, santa, virtuosa y antigua.

1 comentarios:

EBE dijo...

ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja.... No cambias niñita del zaperoco, ni en los momentos que requieren una airada "mentada de madre" su mercé no pierde la frescura, la elegancia y la contundencia.
Que rico leerte otra vez....