“Guillerma Pereda. Cuando parió a Pachú, el mayor de ella, parecía que se iba a reventar, ¡muchacha, de vaina y no lo pare aquí!, esa mujer escamando una catalana inmensa que había conseguido el marido por allá por los lados de Santa Fé cuando estaban calando arenque, y ella se la quería comer frita con el casabe pasa’o por café negro, así es que se lo come ella. Y claro, qué iba a saber ella, cuando se le rompió la borsa del niño, ella botó el agua y creía que se había meado, y yo me imagino que pensó que en medio de tanto olor nadie se iba a enterá y siguió trabajando; ya lo había vendido casi todo, y se había guardado la catalana pa' ella, cuando le dio la primera punzá, ¡muchacha, el grito que pegó se oyó allá en el muelle!
Nos la llevamos en la camioneta de Ñiquito, un viejo bueno y bello que vivía por los lados de que El Pilar y siempre que podía nos traía unas piñas grandísimas y dulcitas. Bueno, nos montamos, yo dejé a Socorro limpiando to'a esta vaina, y le grité a Trinidad que me fuese a buscar una batica limpia y unas cholas, y un champú porque había que bañarla, esa mujer no podía parí oliendo así, tú no sabes lo que son esos médicos, que si el muchacho sale torci'o, que si se infecta, cualquier cosa pa' no atenderte, porque esa gente es holgazana, oíste, ¡mijita!, dígame las enfermeras, ¡ay no, mi amor, esas mujeres parece que las fuera parido una tonina!, porque ven a una mujer así y no le paran bolas, la dejan hasta que ya la criaturita se va a reventar, y después la cargan como con arrechera, y una creyendo que el pobre muchacho se va a partí, y ellas te lo dan como si nada.
El Pachú salió ahí mismo, yo me imagino que de tener el culo pega'o al metal ese de la camioneta, porque nosotras íbamos atrás, fue lo que le hizo eso, y en el camino esa mujer se abrió completica, no le tuvieron que poner nada, ya ese muchacho estaba afuera. ¿Tú has de creer que Guillerma no estuvo adentro ni media hora? ¡Pregúntale si no me crees! Y el muchacho era inmenso, fuerte como el pai, sin un pelo y ese piripicho para'o. ¡Mijita, si él ya tiene dos de él!, uno en Rosario la hija de Enriqueta, la que vende gofio saliendo por atrás; y otro en una faramallera de allá de Manicuare que se cree no se qué, pero te voy a decí que se puso feísima apenas le parió la niña a Pachú. Él se quedo viviendo con esa, pero no están sacando nada por allá, y ese viene de vez en cuando, yo creo que pa' vele la que te conté a Rosarito, porque esa muchacha si es verdá que no tuvo nada con más nadie, ¡pendeja!, ¿tú crees que si el marido mío le monta un hijo a otra yo le voy a dá?
Guillerma tampoco, te voy a decir. Ella y César Flores tienen como 20 años juntos, eran unos muchachitos cuando se enamoraron, allá cerca del bar de Antonio Núñez, y el papá de ella se lo olió y en seguida la casó, no fuera cosa que le fuese a montar una barriga y ella sola, ese viejo sabía su vaina, por ahí anda todavía jugando truco con un tabaco jediondo en la trompa, y echándose sus palitos de vez en cuando. Pero tú ves, los dos trabajan bastante, en la amanecía ya están aquí, acomodando las cosas, espantando moscas, se traen su termo como todo er mundo y a trabajar. Y la casa de Guillerma es limpia, oíste, no te vayas a creer que porque está aquí descuida allá, no mi amor, esa mujer trabaja bastante, por eso es que tiene esas piernas fuertes: barre, coletea y pasa cera todos los días, riega las matas, acomoda las cosas, esa casa está limpia siempre, es que ademá ella deja un coleto en la puerta pa’ que no entre tierra de la calle con los pies de nadie, mi amor.
Y es una mujer joven, no te vayas a creer tú que porque la ves así gorda es una vieja, ¿qué edá le carculas tú? ¡Muchacha, lo que tiene son 39 años! Las hijas si le salieron flojas, tú ves. Dígame la Alexandra, ¡ay Dios mío, esa niña yo no sé a quién salió!, ¡chá, no viene ni al mercado porque huele mal, no joda! La otra si terminó el bachillerato allá en el Fe y Alegría y después se fue para Cumaná a trabajar y dice Guillerma que le va bien. Marido no debe tener porque eso es lo primero que se sabe, jeje.
César Flores si era bello joven, oíste, tenía la espalda grande, y ese pelo abundante, las manos grandes y los dientes completicos, y bailaba como nadie todas las canciones de los Corraleros de Majagual, es que la rocola de Antonio Núñez estaba dañada desde sabe Dios cuando, y por cada tres canciones salía una de aquellos, ¿tú sabes quienes son ellos, no?: ♪♫¡Quiero sentarme contigo en la yerbita, en la yerbita, en la yerbita, y no creo que te molestes si te beso en la boquita! ♫♪… Eso hay que bailarlo así, mija, moviéndose despacito, no hay apuro que después hay más. Pero ese se enamoró rápido de Guillerma, es que ahí donde tú la ves ella también bella, tenía cintura y las de aquí inmensas y paraítas. Yo me quedé con mi Rafael José, chiquitico pero cumplidor, ese hombre sí me quiere a mí, oíste, por algo le parí cinco, y si no me hubiesen dicho, tendríamos como 20 más, ¡muchacha, a ese hombre sí le gusta! ¿Al tuyo le gusta?
Nosotras somos de todo, yo y Guillerma somos comadres, hermanas, vecinas, de todo, ya son muchos años juntas, una frente a la otra, a mí me habría gustado que el Lorenzo, el cuarto mío, se casara con una de las de ella, tú sabes, para ser familia con unos nietos, pero qué va, ninguno quiso, ni las de ella ni el mío. Yo me imagino que vamos a envejecé juntas, ¿pa´dónde vamos a ir?, Rafael José siempre dice que el quiere irse pa' allá, pa’ la otra costa, por los lados de Salazar, pero yo nací aquí y aquí me quiero morir, eso de que tú salgas de tu casa y lo que tengas al frente sea puro mar a mí no me gusta, a mí me gusta caminar por la calle, montarme en mi por puesto, hacer mis cosas por aquí, porque esto es lo que conozco y el mar lo tengo sólo a un lado de la vida. Entonces, mi amor, ¿te llevas la cabaña y qué más?”
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En la mirada de Elecé había una inflexión de regaño por mi costumbre de buscarle conversación a todo el mundo, la verdad es que ambos nos estábamos muriendo de hambre, pero yo sólo le pregunté el nombre de la señora a la que había fotografiado; y ésta otra, que descubrimos se llama Delia Patiño, se dedicó a echarnos el cuento, mientras pesaba la cabaña que luego almorzaríamos con unos tomates redondos, un aguacate madurito y el casabe bañado en café, para probar a qué sabía.
Como saben, lo escribió con la foto que le envié, así como esta, le pertenece a él ;)





1 comentarios:
Este cuento está de postal mi querida Naky! Audiovisual pues! Un fuerte aplauso!
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