Este año me agarra con los pelos cortos, un perfecto desastre para cualquier intento de arreglo personal, porque estoy en ese bendito punto intermedio en el que dejarlo “al natural” significa lucir evidentemente despeinada, e ir a torturarme en una peluquería supone que me vea como una enemiga del capitán Meteogro. Sí, cuando me lo secan luzco un casco bastante armónico, pero casco al fin y al cabo y entonces me entran unas ganas inmensas de volver a humedecerlo y olvidar lo que pagué.
Es marzo e inicio el último semestre de mi maestría, y tengo la tensión propia de quien se sabe sin fines de semana porque debo leer mucho para mi tesis, escribir en el esfuerzo de darle forma a unas palabras menos laxas y más científicas, encontrar mucho más que intuiciones en el tema que me he propuesto investigar. Me anima mucho
el estilo y las propias procuras de mi tutor, a quién admiro, y de paso me cae requetebien.
Elecé está aquí, en mis días, aunque haya alguno como hoy, en los que viaja y la casa toda se me hace enorme, termina siendo una bendición escuchar como teclea en su laptop o la facilidad con la que hace una tortilla de patatas –porque él no dice papas-, y así amaina los efectos complejos de conciliar el sueño con unos ronquidos de fondo. Lee para mí en voz alta, es mi implacable editor, el mejor talismán para alejar mis auras pre convulsivas y el peor jardinero que he conocido. Vamos siendo, y él se empeña en decir que eso no es un regalo, y a riesgo de explicarme con lugares comunes, le digo que sí, que le asiste la razón y que vaya eligiendo un libro maravilloso que pueda competir con mis asignaciones académicas.
Mi mejor amigo está aquí, en una misión ruda que puebla su cotidianidad de pequeños sinsabores, con una sola certeza aguardando quién sabe qué cruza de elementos, pero aquí, y aunque aún no hemos podido dedicarnos las tazas de café necesarias, ni los cuentos acumulados en ausencia, al menos un mensaje de texto calma mi
innecesaria terquedad. Y Luisa en Francia, Karolina en Italia, Aníbal en USA, César en México, Mary Carmen en España, mis pequeñas embajadas, mis amigos allá y los de aquí, pues aquí con abrazos que concilian eventos tan terribles como los de Japón.
Uno más en mi vida
Publicadas por Naky Soto Parra a la/s 11:10 PM Etiquetas: Amor, Cumpleaños, Marzo, Naky 15 marzo 2011Este año me agarra con mi familia completica, y sólo puedo dar gracias, porque Miranda, Larissa y Adrián son sanos, bellos y crecen amados, y tenerlos le suma valor a la vida. Me agarra con ganas, con letras, con proyectos, con días soleados y noches frías, me llega entre risas y unos espacios buenos para seguir haciendo lo que me gusta hacer.
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7 comentarios:
Feliz cumpleaños querida amiga, un gran abrazo (y después te damos el abrazo en persona!)
¡Muchas felicidades! Que la pases de lo mejor hoy...y el resto de los días también.
¡Gracias, bellísimos!
Abrazos,
Salud por eso, querida e inspiradora Naky.
Abrazo caluroso, fuerte como el acero, desde Guayana
Feliz Cumpleaños mi querida Naky! Besos!
Me cuesta creer que sólo 5 comentarios respondan a este post tuyo cumpleañero. ¡Ese es el daño que le han hecho a los blogs maravillosos escritos por gente maravillosa, el uso de Facebook, Twitter, Pin y otros adminículos de comunicación corta, escueta e inmediata.
Sé, y lo digo con certeza casi religiosa, que superarás el "slump" bloguero producido por el microblogging y nos volverás a regalar muchos más escritos espléndidos e ilimitados por mes.
Un abrazo microblogueado
Petrusco
Gracias por la mencion. No sabes cuanto quisiera a veces poder salir a la calle y manejar a su casa y darles una visita, hablar de cualquier cosa, jugar algo en PS3 (o lo que sea que LC tenga), y de repente salir a comer un dia con Uds, beber algo. Pero aqui estoy, no mal, no me quejo. Solo que lejos de gente tan valiosa e importante para mi como tu y LC. Te felicito por segunda vez, con la suerte de que te felicite el dia en que era!! Asi que este es como la niapa por la mencion en la nota
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