14 de diciembre: ahorcan a Venezuela

14 diciembre 2010

Un animal navideño

04 diciembre 2010

Quien lo haya redactado sabía del acierto de una letra sencilla y repetida como estrategia de aprendizaje colectivo. Yo era una pulga de gente y logré atormentar significativamente a mi familia con mi versión libre del tema: al despertarme, bañarme, desayunar, jugar, almorzar, estudiar, merendar, pasear, probándome la ropa que luego luciría, por teléfono, en el ascensor: cualquier actividad, sitio y hora era indicado para repetir animosa: ¡Con mi burrito sabanero, voy camino de Belén, con mi burrito sabanero, voy camino de Belén!, ¡si me ven si me ven, voy camino de Belén!, ¡si me ven si me ven, voy camino de Belén!

No se crean, igual recordaba las estrofas que iniciaban con: el lucerito mañanero ilumina mi sendero, y, con mi cuatrico voy cantando, mi burrito va trotando; y por supuesto me inspiraba en el tuqui tuqui tuqui tuqui tuqui tuqui tuqui tá…apúrate mi burrito vamos a ver a Jesús. Sí, como lo leen, son exactamente siete tuquis –palabra que no guarda relación alguna con esta reciente tribu urbana más profusa que la lemna- ; decía que son 7 tuquis antes de llegar al tá de cierre y el desenlace que bien podía ser la promesa al burrito de que ya iban a llegar o la urgencia de ver al Niño Dios.

He visto a mi mamá narrarlo de muy diversas maneras, haciendo acuse de mi buena memoria cuando era así de pequeña, de mis cualidades interpretativas porque desarrollé gestos de cuatrista, señaladora de luceritos y por supuesto de paseadora de burros fingiendo halar un mecate que sólo existía en mi imaginación y que me hacía unir las manos sobre el hombro derecho mientras simulaba un gran esfuerzo. Pero también existe la versión del hartazgo, de una madre que invirtió en discos de la Rondalla Venezolana, Nancy Ramos,Ray Conniff –que siempre me pareció un San Nicolás más joven- hasta de las Gaitas deJoselo y sus muchos chistes de doble sentido que no entendía porque de verdad era muy pequeña, aunque presumo que hoy serían un crimen, -Lopna mediante-, cualquier cosa con tal y me aprendiera otra, la que fuese, que superara al pedazo de burro que ni de vaina me haría llegar a Belén ni a ella vivir en paz.

Obviamente se me pasaba cuando dejaba de sonar, era un asunto de entorno no sólo de apetencias, para entonces no había estas emisoras hiperespecializadas en música de cualquier género, ni mucho menos una que se declarara 100% libre de gaitas, no señor, en ese momento todos escuchábamos lo mismo una y otra vez, y el burrito estaba incluido en un set cuya variación promedio acaso alcanzaba las dos horas, y volvía Betulio Medina a entonar que un paraíso tropical lo enmarcaba todo o Néstor Zavarce en su aciago tono declarando que las campanas de la iglesia sonaban para anunciar la partida del año viejo, admito que nunca me cuadró su voz con “la alegría del nuevo año”.

Así que desconozco cuál es el efecto que esta pieza surte en otros, pero a mí me despierta lo navideño hasta en las pecas, me inspira, me pone de buen humor, y por supuesto me provoca una nostalgia grandísima pero siempre superable apenas intento mis mejores agudos para las palabras “sabaneeeeero”, “mañaneeeero” y “cantaaando”. La única forma de entenderlo es escuchándola, tranquilos, ya no hay riesgo: para quienes ya la conocen es sólo un repaso, y para quienes no, muy probablemente Chino y Nacho o Wisin y Yandel se imponen en la selección radiofónica de cualquiera que no sintonice “La vitrola popular”por la 950, frecuencia AM ;)