La vida tiene cosas buenas, gente buena, y a veces los amores tejen tamices que ni en tu mejor sueño se cruzarían. Regreso contenta, con los dientes al aire, tan emocionada que se lo escribí en mensajes de texto a mis amigos más queridos, porque necesito que ellos también conserven el recuerdo consigo.
LuisCarlos me dice en la tarde que debemos ir a la panadería Flor de Altamira para poder explicarles a mis brujas -el cortejo- dónde será la ceremonia; me resultó un poco extraño porque mal que bien todas nos movemos bien por esa zona, pero bueno, verlas es siempre bueno. Llegamos antes que ellas, y tras su llegada recibo la llamada de la responsable de la agencia de festejos indicándome problemas muy serios con el salón de fiestas. Me preocupa, me angustia, me pone triste. Las brujas ni se mueven, se quedan ahí, como obviando mi angustia, cosa rara pero posible. Decido marcharme por mi lado, a ver qué carrizo podía hacer para resolver algo, aunque en honor a la verdad, el tránsito por la zona estaba sencillamente imposible. Una camioneta se cruza en mi ruta y mi discusión. Blanca y alta.
Cuando volteo y veo, lo veo. La tristeza se vio desplazada por un asombro que terminó de despeinarme. Es él, una pelusa de coincidencia. Pero la cosa tiene su explicación.
Ayer, Amelvi salió de la radio con la ilusión de pedirle el nombre a un señor muy dulce, de esos que provoca meter en una cajita para llevártelos a casa, y poder así escribirle una tarjeta de agradecimiento con algún regalito de navidad. Y lo hizo, y resulta que el nombre y el apellido coinciden con los de él, y por no dejar le comenta que así mismo se llama un cantante; y él sonríe al decirle que es su hijo: ¡trozo de casualidad! Pero la cosa sólo es el arranque de una petición peculiar: que funja como concigliere de un regalo de amor. Y alguien así de bonito qué iba a decir: ¡que sí!
Pero además, y prácticamente en simultáneo, un gentilhombre llamado David Herrera, le envía una copia de la historia, le envía incluso los links a este zaperoco, a ver si se anima y lo lee en su propio elemento, y a lo mejor, quién quita, hasta comenta algo.
Amelvi que le deja un mensaje con su papá y se queda con la duda de llamarle no sea cosa que por desconocer el número no responda. Pero se monta en el carro y al encender la radio suena un tema de "El tren de la vida" y decide asumirlo como una señal optimista. Y el muy pana contesta, y le dice que acababa de escuchar el mensaje, que no hay problema, que con gusto se toma un café y echa una conversadita. Y ella brincando en un tacón, más bien sobre el freno no fuese cosa que se llevara a alguien por el medio.
Y él que abrumado por la trama, entra y lee, y se ríe y hasta deja un comentario con su nombre, cuyo único contenido es el mío entre signos de admiración. Y hoy que iba para la cita y le agarra esa cola en la ruta. Y a mí me agarró la tristeza del riesgo a la celebración del casorio por falta de salón, y por eso salí y caminé, y su camioneta se cruza en mi ruta y mi discusión. Blanca y alta, y él forradito en negro como siempre, quizás un poco asustado ante mi versión de alterada nocturna.
Le doy la mano. Una vez más compruebo que soy la peor fanática del planeta, no grito, ni lloro, ni pego brincos, sólo le veo y veo a un amigo, y una alegría impresionante me invade, porque humanizar a un ídolo es una oportunidad bien bonita. Acepta caminar, un jugo de fresa, nos vamos narrando lo que ha pasado para que esto pasara y yo sólo me decía pa' dentro: ¡está aquí y es un pana!
A su papá, a Amelvi, a Josemir, a David Herrera y LuisCarlos, mis más hondas gracias: ¡qué regalo de bodas más significativo!
A Horacio Blanco, mi admiración redoblada, porque la humildad multiplica todo, hasta los chocolates ;)
A ustedes, mis sospechosos habituales, la promesa de escanear la copia del post donde Horacio me dejó mi nuevo autógrafo, que mínimo enmarcaré para que no se me olvide jamás que los amores tejen tamices que ni en tu mejor sueño se cruzarían, ¡qué viva la música!
¡Hola, Doc!
Publicadas por Naky Soto Parra a la/s 12:30 AM Etiquetas: Amigas, Boda, Brujas, Coincidencia, Cortejo, Horacio, Música, Panas, Regalo, Sorpresa 04 diciembre 2009Chao, Horacio
Publicadas por Naky Soto Parra a la/s 9:45 AM Etiquetas: Desorden, Desorden Público, Horacio, Horacio Blanco, Ska, Tributo 01 diciembre 2009Yo era, literalmente un pedazo de gente cuando escuché por primera vez tu voz, y al mejor estilo de esas historias que venían en las páginas finales de la Vanidades -una de las que compraba mi mamá-, firmada por una señora cuyo nombre y apellido siempre me dieron risa, Corin Tellado, me dije sin confesarle a nadie en voz alta: ¡mi amado se llama Horacio! -lo siento, es muy cursi, pero había que ser congruente con la pluma que me inspiraba-.
Cuando me decidí a conversarlo con mi mejor amiga, amén de reírse como una hiena, con mucha suspicacia me aclaró que en la radio siempre hablaba gente que por fea no estaba en la televisión, y que no podía ser casualidad que nadie más conociera tu música; era una duda razonable y capital, por lo que, no hubo una sola de mis compañeras del colegio que no pasaran por la pregunta de: ¿conoces a Horacio el de Desorden? Por toda respuesta siempre recibí noes.
Pero la vida es generosa, y estando con mis padres en la extinta pastelería Manhatan de Chacao, con mi tartaleta en la mano, escuché de nuevo tu voz, en vivo. No eras el hilo musical del sitio, estabas ahí, con tu pelo negrísimo, a mi entender trasquilado pero bonito, vestido igual de negro -cosa que me dio un poco de susto pues siempre he tenido tendencia a vestirme como un paquete de salvavidas-, al lado de una muchacha, para mi desgracia, igualmente hermosa. Agarré a mi hermana por un brazo y le dije en el oído: ¡él es Horacio! Ella volteó sin disimulo -cosa que para un artista es más bien un halago, pero que a mí me aterrorizó en su momento- y dijo: es un punk.
Otra tarea. Averiguar qué era un punk, leí sobre Inglaterra, leí sobre sus procuras, leí de la resistencia a la modernidad y no entendí media palabra. Leí luego sobre el ska, y mi hermano generosamente me buscó con amigos suyos de la Simón Bolívar -sí, él ya estaba en la universidad, es que me lleva 10 años- "cintas" de Madness y Specials, y aunque no entendía nada de las letras, el ritmo me hacía bailar como una zaranda. A veces me metía en su cuarto para poder hacerlo con mayor libertad, y combinaba esta música con discos del B52's, las Gogo's y hasta AC/DC.
Era una galla, Horacio, estudiaba en un colegio de religiosas y ninguna de mis compañeras comprendía esa música en contraposición a los emblemáticos Franco De Vita, Yordano, Ilan, y más cercanas aún, a pesar de la "diferencia" de sus géneros: Karina y Melissa; con la primera lloraban y la segunda se convertía en el prototipo hardcore de la "generación Halley" a la que ni siquiera pertenecíamos. No te voy a mentir, cedí a la posibilidad de cantar acompañada y forrar carpetas con rostros de revistas y amén de los discos de DP, me compraron los de Chayanne, todavía pienso que, si en la vida de este buen hombre había una venezolana, es bastante injusto que no haya sido yo. Alguna vez, ayudando a una amiga a promocionar una película de Oscar Lucién llamada "Un sueño en el abismo" -que trajo a la farándula local a un pesado de la talla de Luis Fernández-, dando vueltas por el CCCT repartiendo afiches y calcomanías te vi en una de las jardineras. Me paralicé. Pensé en todas las frases que podía decirte para pedirte un autógrafo, ninguna me gustó, pero como estabas tan inspirado, tuve el chance de verte diferente. Me animé y fui a decirte entrecortada que te admiraba, que escuchaba Radio Pirata, que tenía los discos de DP, y que yo sí era cursi. Sonreíste como lo hubiese hecho cualquier amigo de mi hermano, con la distancia de un tipo grande escuchando piropos de una chamita, me preguntaste el nombre y escribiste:"Con amor para Naky: yo no soy cursi". Esa i final era una florecita. La calcomanía estuvo en mi corcho más o menos 10 años.
Ya en la universidad me sobraron los amigos para ir a tus conciertos, tu música se hizo popular, era lo in; de hecho, en unas vacaciones en las que nos fuimos a Chichiriviche, a todos se nos olvidaron los discos y sólo tuvimos para los 7 días de estadía: "Canto popular de la vida y muerte". Y sí, terminamos sabiéndonos hasta las respiraciones. En otra oportunidad te conseguí conversando con una de las simpáticas Boconas en un local de Altamira, y aunque me dio vergüenza, me acerqué hasta su mesa a pedirte otro autógrafo -cosa de poder renovar aquel-, y lo hiciste sonriendo, me preguntaste si iría al concierto del día siguiente y por supuesto dije que sí.
Al Teresa Carreño fui como con dos horas antelación, aunque las entradas estuviesen numeradas y mi acompañante fuese la persona más aburrida y desorientada de todo el teatro, todo el mundo se sabía las canciones, todos gritamos como locos, saltamos -sin perjuicio de los asientos-, aquello fue una convención de Búfalos Mojados pero en lugar del gorro de Pedro Picapiedra o Pablo Mármol, llevamos nuestra ropa en blanco y negro, y cantamos con entusiasmo ante la certeza que todo lo emitido se estaba grabando.
Para hacerte el cuento corto, hace apenas un mes fui con mis padres a ver el espectáculo de homenaje a Billo Frómeta, pedazo de sorpresa viví cuando buscando un baño rumbo al cafetín escuché de nuevo, a mis espaldas, tu voz. Hablabas con unas mujeres de mi edad y tamaño, les explicabas que sí, que estarías casi al final, pero esta vez, no estaba sola. Conmigo venía quien al sol de hoy es mi esposo por ley y en apenas cuatro días lo será ante la iglesia católica de la cual soy practicante -pana, 13 años con las Hermanitas de los pobres no fueron en vano-, y él generosamente me dijo: pero ve y salúdalo; y yo no, preferí verte así con distancia, como en las cuñas de la malta; leerte en la historia -para mi gusto no muy bien escrita por Marlon Lares-, y hacerlo fue una manera de romper mi amor adolescente y afianzar mi admiración adulta.
No es sencillo despedirse de un novio imaginario, pero siempre será fantástico aplaudir tu talento y entrega.
Chao, Horacio.
P.S: Sí, sin pena alguna, sigo siendo cursi ;)
Cuando me decidí a conversarlo con mi mejor amiga, amén de reírse como una hiena, con mucha suspicacia me aclaró que en la radio siempre hablaba gente que por fea no estaba en la televisión, y que no podía ser casualidad que nadie más conociera tu música; era una duda razonable y capital, por lo que, no hubo una sola de mis compañeras del colegio que no pasaran por la pregunta de: ¿conoces a Horacio el de Desorden? Por toda respuesta siempre recibí noes.
Pero la vida es generosa, y estando con mis padres en la extinta pastelería Manhatan de Chacao, con mi tartaleta en la mano, escuché de nuevo tu voz, en vivo. No eras el hilo musical del sitio, estabas ahí, con tu pelo negrísimo, a mi entender trasquilado pero bonito, vestido igual de negro -cosa que me dio un poco de susto pues siempre he tenido tendencia a vestirme como un paquete de salvavidas-, al lado de una muchacha, para mi desgracia, igualmente hermosa. Agarré a mi hermana por un brazo y le dije en el oído: ¡él es Horacio! Ella volteó sin disimulo -cosa que para un artista es más bien un halago, pero que a mí me aterrorizó en su momento- y dijo: es un punk.
Otra tarea. Averiguar qué era un punk, leí sobre Inglaterra, leí sobre sus procuras, leí de la resistencia a la modernidad y no entendí media palabra. Leí luego sobre el ska, y mi hermano generosamente me buscó con amigos suyos de la Simón Bolívar -sí, él ya estaba en la universidad, es que me lleva 10 años- "cintas" de Madness y Specials, y aunque no entendía nada de las letras, el ritmo me hacía bailar como una zaranda. A veces me metía en su cuarto para poder hacerlo con mayor libertad, y combinaba esta música con discos del B52's, las Gogo's y hasta AC/DC.
Era una galla, Horacio, estudiaba en un colegio de religiosas y ninguna de mis compañeras comprendía esa música en contraposición a los emblemáticos Franco De Vita, Yordano, Ilan, y más cercanas aún, a pesar de la "diferencia" de sus géneros: Karina y Melissa; con la primera lloraban y la segunda se convertía en el prototipo hardcore de la "generación Halley" a la que ni siquiera pertenecíamos. No te voy a mentir, cedí a la posibilidad de cantar acompañada y forrar carpetas con rostros de revistas y amén de los discos de DP, me compraron los de Chayanne, todavía pienso que, si en la vida de este buen hombre había una venezolana, es bastante injusto que no haya sido yo. Alguna vez, ayudando a una amiga a promocionar una película de Oscar Lucién llamada "Un sueño en el abismo" -que trajo a la farándula local a un pesado de la talla de Luis Fernández-, dando vueltas por el CCCT repartiendo afiches y calcomanías te vi en una de las jardineras. Me paralicé. Pensé en todas las frases que podía decirte para pedirte un autógrafo, ninguna me gustó, pero como estabas tan inspirado, tuve el chance de verte diferente. Me animé y fui a decirte entrecortada que te admiraba, que escuchaba Radio Pirata, que tenía los discos de DP, y que yo sí era cursi. Sonreíste como lo hubiese hecho cualquier amigo de mi hermano, con la distancia de un tipo grande escuchando piropos de una chamita, me preguntaste el nombre y escribiste:"Con amor para Naky: yo no soy cursi". Esa i final era una florecita. La calcomanía estuvo en mi corcho más o menos 10 años.
Ya en la universidad me sobraron los amigos para ir a tus conciertos, tu música se hizo popular, era lo in; de hecho, en unas vacaciones en las que nos fuimos a Chichiriviche, a todos se nos olvidaron los discos y sólo tuvimos para los 7 días de estadía: "Canto popular de la vida y muerte". Y sí, terminamos sabiéndonos hasta las respiraciones. En otra oportunidad te conseguí conversando con una de las simpáticas Boconas en un local de Altamira, y aunque me dio vergüenza, me acerqué hasta su mesa a pedirte otro autógrafo -cosa de poder renovar aquel-, y lo hiciste sonriendo, me preguntaste si iría al concierto del día siguiente y por supuesto dije que sí.
Al Teresa Carreño fui como con dos horas antelación, aunque las entradas estuviesen numeradas y mi acompañante fuese la persona más aburrida y desorientada de todo el teatro, todo el mundo se sabía las canciones, todos gritamos como locos, saltamos -sin perjuicio de los asientos-, aquello fue una convención de Búfalos Mojados pero en lugar del gorro de Pedro Picapiedra o Pablo Mármol, llevamos nuestra ropa en blanco y negro, y cantamos con entusiasmo ante la certeza que todo lo emitido se estaba grabando.
Para hacerte el cuento corto, hace apenas un mes fui con mis padres a ver el espectáculo de homenaje a Billo Frómeta, pedazo de sorpresa viví cuando buscando un baño rumbo al cafetín escuché de nuevo, a mis espaldas, tu voz. Hablabas con unas mujeres de mi edad y tamaño, les explicabas que sí, que estarías casi al final, pero esta vez, no estaba sola. Conmigo venía quien al sol de hoy es mi esposo por ley y en apenas cuatro días lo será ante la iglesia católica de la cual soy practicante -pana, 13 años con las Hermanitas de los pobres no fueron en vano-, y él generosamente me dijo: pero ve y salúdalo; y yo no, preferí verte así con distancia, como en las cuñas de la malta; leerte en la historia -para mi gusto no muy bien escrita por Marlon Lares-, y hacerlo fue una manera de romper mi amor adolescente y afianzar mi admiración adulta.
No es sencillo despedirse de un novio imaginario, pero siempre será fantástico aplaudir tu talento y entrega.
Chao, Horacio.
P.S: Sí, sin pena alguna, sigo siendo cursi ;)
Actualización: Hermosos comentarios me han hecho reconsiderar mi decisión, pues aún siendo LuisCarlos barítono, no se dedica a tu arte, seguirás siendo mi novio imaginario, pero ni de broma te pediré otro autógrafo ;)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





