Levántese a las 3:30 de la mañana para poder estar en el aeropuerto de Maiquetía a las cuatro y pico. Haga una cola de más de una hora para poder chequearse. Desayune un cachito por el que le cobrarán el equivalente a un pan de jamón navideño –de hojaldre- y tranquilícese porque tendrá que esperar una hora y cuarto más de lo previsto para abordar el primero de tres aviones hasta su destino final. Llegue a EEUU y aún con la condición de estar “en tránsito” sepa que igual sufrirá todo el proceso de inmigración, más la paranoica revisión de sus zapatos, sweater, cartera, laptop y demás hierbas aromáticas. Súmele a esta lista que no hay forma de convencer a las autoridades que usted debería pasar por algún sistema alternativo porque justo lo que le tomará ese chequeo es el tiempo que lo separa de abordar su próximo avión, que si no, lo perderá. Y lo pierde.

Pierde nueve horas de su vida en un aeropuerto, en el que, para poder chequearse nuevamente, invierte dos horas y cuarto frente al mostrador de su línea aérea. Superado ese escollo, sólo le dan un pase de abordaje provisional pues no hay certeza que usted se marchará en el próximo vuelo. Respire hondo y rece, rece mucho. Pero bien, lo logra. Se monta y vuela 9 horas hasta la ciudad-aeropuerto que es el Charles De Gaulle y estando allí, luego de tomar su autobús hasta la próxima terminal, se entera que su conexión jamás fue realizada, que nadie le confirmó el vuelo, que usted una vez más ¡se quedó varado!

19 horas más, sí, diez y nueve horas más en otro aeropuerto, y aquí sí que es verdad que se fregó, porque lo único que hay a su alrededor son asiáticos (en una obscena proporción de 150 por 1, ujum, por cada 150 seres de ojos achinados usted verá un representante de cualquier otra raza, con muy baja probabilidad que alguno sea latino). Duerma en sillas, pague 40 euros por dos horas de wifi; asómbrese por el costo de un sándwich y un jugo; duerma en una alfombra con trillones de ácaros por centímetro cuadrado, levántese con más sueño de aquel que le ayudó a dormirse en algún momento de la madrugada y aborde el tercer avión de su periplo. Cuando esté allí, verifique que la mayor parte de la tripulación sólo habla ruso y someta a su cuerpo a un nuevo sueño, esta vez más profundo.

Pero ojo, en tres horas llegó a su destino y a pesar de no poder levantarse de la silla, tendrá que hacerlo para ingresar. Llene la planilla de inmigración (también en ruso) traducida a un inglés menos fluido que el de Tarzán y espere.

En la espera vea como son maltratados todos los negros que han viajado con usted, como si fuesen los narcotraficantes que lideran las listas de los más buscados de la DEA. Piense en la discriminación al tiempo que recuerda que usted está ahí para hablar de democracia. Su maleta no llega con usted. Va a la sede de la aerolínea para colocar su reclamo (en inglés traducido del ruso). Indique como accesorio de la maleta una cholita azul que tuvo a bien ponerle a su maleta, más bien discreta porque usted ahí no estará más de seis días. Váyase desconsolado: con sueño, la misma ropa de hace dos días, sin maleta y consternada de la mala cara de todos los que allí laboran.

La buena fortuna jamás le desampara, justamente la cholita azul es la seña que ayuda a que alguien en ese aeropuerto halle su maleta en un depósito siniestro, y con todo el polvero del mundo, usted levanta su equipaje y se dirige al shuttle que lo conducirá al hotel donde por fin podrá bañarse, cambiarse de ropa y dormir con un poco más de comodidad. El detalle con el que usted no contaba es que entre el recorrido y el check in, se le fueron casi dos horas de las tres que disponía para iniciar su primera sesión de trabajo, así que lamentándolo mucho tendrá que bañarse muy rápido y salir nuevamente a cumplir con la primera cita de su apretada agenda.


Un hotel más bien tenebroso, en esa extraña composición que supone mezclar todas las remodelaciones posibles del lobby y áreas comunes con pasillos y cuartos del año de la pera, todo muy oscuro, bastante arcaico, solo. Pero es un consuelo importante que todos los que abordaron el bus con usted se hayan tan desconcertados y abatidos por el sueño que no importará mucho cuan fluido se halle su nivel de inglés, total, convergen más de una centenar de países en la misma actividad.


Esta es la primera entrega. Prometo que las siguientes tendrán mejores noticias.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola,

Interesante tu historia, yo vivi año y medio en Polonia, que esta mucho mejor que Ucrania, me imagino tu impresion de Kiev, y de las muchas infraestructuras que perduran de la era del comunismo ... Solo escribo para preguntar algo que no me cuadra mucho en tu viaje, porque fuiste a USA para ir a Francia y de alli a Ucrania ? no hubiera sido mejor, ccs-paris y de alli Paris a Kiev.

Saludos,

Marwin.

Carlos dijo...

Querida Naky!

Viajo tres y cuatro veces al año a Ucrania. Espero seguir leyendote para ver si coincidimos en nuestra opinión!

La próxima vez te recomiendo el viaje via Madrid. Te ahorras el sufrimiento de la imigración en USA.

El viale es Caracas-Madrid-Viena-Kiev. Es mucho menos tormentoso.

Un abrazo grande desde Bruselas. Siempre pendiente de to Flkr.

german dijo...

mosca y no me la vayan a amalograr en esas peripecias por el antiguo bloque sovietico y si se encuentra al fantasma del comunismo eche a corré como alma que se lleva el capitalismo salvaje!

*Abrazo caribeño y sin corriente!

Bob dijo...

Dios, lo que es ser un inmigrante, y apenas vas llegando, esas cosas deberían ser mas rápidas en el aeropuerto, uno con ganas de bañarse y los tramites, papeleos y para mas remate se te pierde la maleta

Bueno, todo sea por la nueva experiencia

Saludos

Dr. Bob

Martha Beatriz dijo...

Me hiciste acordar de un amigo que vino y me juró, después de pasar por los controles de inmigración y equipaje que jamás me pediría que le llevara nada. Lamento que tu viaje haya comenzado asi, el problema son los viajes con escalas y la frialdad que embarga la industria aeroportuaria de pasajeros. La verdad, es uno de los pocos post tuyos que no suenan "bien", sin embargo tu optimismo como siempre se escapa de lo convencional y se siente. Abrazos!

Silmariat, "El Antiguo Hechicero" dijo...

Ña Bárbara de todas las palabras:

Lo lamento..., pero me reí un mundo. Y no de burla…, Dios me libre.
Estoy llegando de Londrés. No me pregunte, pero hice Basel-Londrés-Ginebra de un tirón. En Heathrow 5, todo ultra moderno, nuevecito e ineficiente que ni le cuento –me negué en redondo quitarme mis zapatos-.

Espero todo el cuentico, uno comprende tantas cosas cuando está “in situ” y el realismo mágico, rallando al absurdo más completo y absoluto-para matizarlo y no hablar todos los horrores que se puede encontrar en un aeropuerto y sus miles de variaciones sobre el mismo tema-, es mundial.

Todo lo mejor para Usted. Es un placer ser su sombra.

Silmariat, "El Antiguo Hechicero" dijo...

NOTA: Rallar o Rayar. Estaba dudando en cual de lo dos es mas representativo o mejor en la frase “rallando al absurdo…”, pero ambos quedan perfecto.

Rita ♫ dijo...

¡Qué locura, Naky!
Espero ciertamente que la próxima entrega traiga mejores noticias.
Besos

Lutor dijo...

Hola Naky, aqui Lucky (si, el ex de K), Muchos Saludos Amiga... Si de regreso quiere pasar por Praga, aqui estamos a la orden.

Besos y suerte con los Soviets.

Anónimo dijo...

je,je,je,je,je

Que gracioso suena todo....ya verás que te reirás de lo lindo...en unos cuantos años...

Título:
"Las venturas y desventuras de la pecosa literata"

BEA